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Mindfulness y Compasión

“La meditación no es una evasión, es un encuentro sereno con la realidad”

Thích Nhat Hanh

Una nueva mirada

Mindfulness es la conciencia que surge al prestar atención al momento presente, deliberadamente y sin juicio. “Se trata de saber lo que pasa en tu mente”.  Jon Kabat-Zinn

La práctica de atención plena consiste en entrenar el estar presente y consciente en cada momento de nuestra vida y acoger cualquier cosa que surja en nuestra experiencia sin juzgarla.

Esta práctica facilita el auto-conocimiento -a través de la observación de la actividad mental- que ayuda a gestionar emociones, reacciones y pensamientos para poder así afrontar las situaciones que nos presenta la vida de una manera más efectiva que cuida nuestro propio equilibrio y bienestar.

Durante el transcurso de las últimas décadas, las técnicas propias del Mindfulness se han aplicado como soporte a las psicoterapias empleadas para tratar distintos problemas de salud mental, como el estrés, la ansiedad, los trastornos asociados al sueño o la tolerancia al dolor, entre otros.

Algunos beneficios derivados de la práctica habitual de Mindfulness son: reducción del estrés, disminución de pensamientos obsesivos, menor reactividad, reducción de la irritabilidad, mejora de la concentración, la memoria, la intuición, aumento de la inteligencia emocional y mejora de las habilidades para las relaciones sociales.

Por otra parte, me parece importante distinguir lo que NO es Atención Plena. Así pues, no se trata de dejar la mente en blanco, ni de borrar las emociones “negativas” que nos pueden causar ciertos hechos, no es un modo de escapar de la realidad y no tiene como objetivos la relajación y la paz aunque estos son, por supuesto, resultados posibles de una práctica que busca conocer cómo funciona la mente y cómo nuestro modo de funcionar en la vida nos permite o no estar en paz.

Su objetivo es permitirnos ver la realidad como es, descubrir las causas profundas de nuestro sufrimiento y despejar nuestra confusión mental.

En realidad, lo que nos provoca malestar o ansiedad no son los eventos, sino cómo nos vinculamos emocionalmente a éstos.

La experiencia de Mindfulness consiste en “simplemente estar” en una situación donde “no pasa nada” en particular. En ella nos encontramos con nuestra propia mente.

El regresar una y otra vez de manera amable y consciente a ese espacio de apertura e intimidad con nuestro momento presente, es la invitación que nos hace la práctica de Mindfulness.


“Compasión es la espaciosa conciencia del corazón, abierta, acogedora y sin juicios. Cuando la descubrimos y nos abrimos a esta cualidad del ser, vivimos la compasión”

Robert Gonzales

Un trato amable

En el Mindfulness la Compasión es clave, ya que nos ayuda a minimizar el impacto de los hechos dolorosos que nos ocurren.

La acción compasiva tiene como motivación principal acompañar en el dolor mientras esté presente y es necesaria para lograr la calma personal.

La compasión se desenvuelve en respuesta al sufrimiento. La práctica comienza con el reconocimiento de éste y, motivado por la empatía y el deseo de bienestar de quien sufre -otra persona o uno mismo-, se moviliza hacia la acción para aliviarlo.

El proceso de cultivo de la compasión involucra entrenar nuestra mente, desarrollando habilidades en la relación con uno mismo y con otros, para elegir pensamientos y acciones que se nutran de la empatía y del cuidado.

En los últimos años, se han creado distintos programas de entrenamiento de la compasión hacia uno mismo y hacia los otros. Los resultados han evidenciado la reducción de la ansiedad, el estrés, la ira, la depresión y el aislamiento, así como un aumento de la habilidad de auto-cuidado y de la Atención Plena.

Tener la posibilidad de sentirla y fomentar que los demás la sientan aporta equilibrio emocional y proporciona un estado de paz y tranquilidad desde el que obtenemos el bienestar básico para abrirnos al resto de contextos, potenciar nuestras relaciones personales, hacer una diferencia positiva en el mundo y sentirnos realizados.

Cuando esta actitud de reconocimiento del sufrimiento y el deseo de aliviarlo se dirige hacia uno mismo hablamos de autocompasión.

La autocompasión hace referencia al trato de amor que nos otorgamos cuando las cosas no nos salen como nos hubiera gustado y, en consecuencia, la vergüenza y la autocrítica afloran. La autocompasión es un acto de autoescucha que deja a un lado los pensamientos culpabilizantes para promover el respeto. Es una clara muestra de autocuidado.

La autocompasión hace referencia a cómo nos vemos y nos tratamos. Con ella se cultiva una relación de aceptación y no juicio hacia nosotros mismos en cualquier circunstancia.

La meditación es una actividad muy recomendable para desarrollar esta capacidad y es interesante indagar con la propia experiencia personal, pues entrenar la compasión genera un equilibrio que, desde fuera, es difícil de percibir o entender.

Me parece importante, por otro lado, mencionar lo que NO es compasión. Así pues, no se trata de sentir lástima o invalidación hacia algo o alguien y no está relacionado con el prejuicio o el menosprecio.

Los seres humanos tenemos una capacidad natural para sentir y expresar compasión. Sin embargo, el estrés diario, las presiones sociales y las experiencias de vida pueden limitar la expresión plena de esta capacidad. Cada uno de nosotros puede elegir nutrir y desarrollar su instinto compasivo, con paciencia, cuidado, las herramientas apropiadas y un ambiente propicio y seguro.